Tourmalet y Galibier

Este verano he tenido la suerte de poder visitar por primera vez dos lugares de culto dentro del mundo del ciclismo. Se trata del Col du Tourmalet, en el Pirineo, y el Col du Galibier, en los Alpes, dos puertos de montaña que el Tour de Francia ha hecho mundialmente famosos.

Tourmalet

Este paso montañoso situado en pleno Pirineo francés, cuyo nombre viene a significar “camino del mal retorno”, se alza 2.115m sobre el nivel del mar y es el puerto que más veces se ha ascendido durante la historia de la ronda francesa. En este lugar esperaba encontrar ciclistas y marmotas pero nunca imaginé que en la cima del puerto encontraría… un rebaño de llamas!

Mcdonald’s en el centro de Teherán y llamas en el Pirineo, maldita globalización.

La llama (lama glama) es un curioso animal entre el camello y la oveja.

Llama y la Val du Barèges.

Mientras emulaba al mismísimo Robert Capa acercándome más y más con el angular recordé que estos animales son capaces de escupir con una potencia y una puntería envidiables.

Finalmente nadie salió herido, más bien al contrario. Las llamas no sólo aceptaron mi presencia sino que acabamos todos juntos tomando el sol y comiendo flores.

Entre la fauna del Tourmalet este es el ejemplar más característico.

El próximo 24 de julio el Tour volverá a pasar por este mítico puerto.

Galibier

Después del Tourmalet el Galibier es el puerto de montaña que más veces ha visitado el Tour de Francia. Este coloso de roca y nieve que separa los Alpes du Dauphiné y los Alpes Cottiennes acostumbra a ser, con sus 2.645m, el punto más alto de la carrera.

Aquí no hubo sorpresas. Ciclistas y marmotas por todas partes.

marmota

Estos son los últimos 2,5km del Galibier por la vertiente de Valloire, con rampas del 11% y 12%.

Créte de Challoil desde el Galibier.

Winter in Pallars

Como cada año el viento, el frío y la nieve transforman el paisaje del Pallars. El invierno es una estación dura para los habitantes del Pirineo. El oso, la marmota y el mosquito hace días que se han retirado y no volverán a aparecer hasta que el clima se suavice en primavera. Los que nos quedamos vamos tirando como podemos. Algunos con más gloria que otros, pero seguro que la mayoría llegarán a ver la nueva floración.

A pesar de todas las inclemencias el Pirineo Pallarès sigue siendo un territorio impresionante y su belleza adquiere en invierno una nueva dimensión. Los dorados dejan paso al majestuoso blanco de las montañas y los cielos impredecibles modifican la luz del Sol de mil maneras diferentes. Los que vivimos en esta tierra somos unos privilegiados y debemos sentirnos responsables de la conservación de esta fabuloso entorno natural.

Decidme después de ver el vídeo si no vale la pena pasar un poco de frío.

Mucha salud para tod@s y nos vemos la próxima floración!