Los cuatro buitres ibéricos

Gracias a un buen amigo semanas atrás tuve la ocasión de asistir a una tremenda carroñada a la que acudieron las cuatro especies de buitre ibéricas. Podría explicaros lo extraordinario de poder ver y fotografiar a las cuatro especies compartiendo el mismo banquete. Contaros lo que se siente cuando 200 buitres pasan volando a escasos metros de tu cabeza. Hablar sobre el escalofriante sonido que emiten estas enormes aves batallando por un trozo de carne. Podría también describir la elegancia de su plumaje y la majestuosidad de su vuelo. Pero prefiero que lo veáis vosotros mismos.

Antes de tomar asiento en el interior del hide la cosa ya prometía.

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No es fácil ganarse la confianza de estos animales. Por respeto al trabajo de muchos años y por petición expresa vamos a mantener el anonimato de este señor y del lugar.

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Empieza el festín…

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El primero en bajar y el más numeroso es el buitre leonado (Gyps fulvus).

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Entre la muchedumbre aparecen los primeros ejemplares de buitre negro (Aegypius monachus).

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Escoltado por dos buitres negros el magnífico quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) espera su turno.

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El último en aparecer, el alimoche común (Neophron percnopterus).

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Tras el festín de carne, sangre y vísceras el buitre leonado abandona el lugar y es entonces cuando empieza el formidable espectáculo del quebrantahuesos.

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El plumaje del quebrantahuesos juvenil es de tonos pardos. Una vez adulto (6-7 años) la coloración de la cabeza, pecho y vientre varía del blanco al naranja.

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Tourmalet y Galibier

Este verano he tenido la suerte de poder visitar por primera vez dos lugares de culto dentro del mundo del ciclismo. Se trata del Col du Tourmalet, en el Pirineo, y el Col du Galibier, en los Alpes, dos puertos de montaña que el Tour de Francia ha hecho mundialmente famosos.

Tourmalet

Este paso montañoso situado en pleno Pirineo francés, cuyo nombre viene a significar “camino del mal retorno”, se alza 2.115m sobre el nivel del mar y es el puerto que más veces se ha ascendido durante la historia de la ronda francesa. En este lugar esperaba encontrar ciclistas y marmotas pero nunca imaginé que en la cima del puerto encontraría… un rebaño de llamas!

Mcdonald’s en el centro de Teherán y llamas en el Pirineo, maldita globalización.

La llama (lama glama) es un curioso animal entre el camello y la oveja.

Llama y la Val du Barèges.

Mientras emulaba al mismísimo Robert Capa acercándome más y más con el angular recordé que estos animales son capaces de escupir con una potencia y una puntería envidiables.

Finalmente nadie salió herido, más bien al contrario. Las llamas no sólo aceptaron mi presencia sino que acabamos todos juntos tomando el sol y comiendo flores.

Entre la fauna del Tourmalet este es el ejemplar más característico.

El próximo 24 de julio el Tour volverá a pasar por este mítico puerto.

Galibier

Después del Tourmalet el Galibier es el puerto de montaña que más veces ha visitado el Tour de Francia. Este coloso de roca y nieve que separa los Alpes du Dauphiné y los Alpes Cottiennes acostumbra a ser, con sus 2.645m, el punto más alto de la carrera.

Aquí no hubo sorpresas. Ciclistas y marmotas por todas partes.

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Estos son los últimos 2,5km del Galibier por la vertiente de Valloire, con rampas del 11% y 12%.

Créte de Challoil desde el Galibier.

Winter in Pallars

Como cada año el viento, el frío y la nieve transforman el paisaje del Pallars. El invierno es una estación dura para los habitantes del Pirineo. El oso, la marmota y el mosquito hace días que se han retirado y no volverán a aparecer hasta que el clima se suavice en primavera. Los que nos quedamos vamos tirando como podemos. Algunos con más gloria que otros, pero seguro que la mayoría llegarán a ver la nueva floración.

A pesar de todas las inclemencias el Pirineo Pallarès sigue siendo un territorio impresionante y su belleza adquiere en invierno una nueva dimensión. Los dorados dejan paso al majestuoso blanco de las montañas y los cielos impredecibles modifican la luz del Sol de mil maneras diferentes. Los que vivimos en esta tierra somos unos privilegiados y debemos sentirnos responsables de la conservación de esta fabuloso entorno natural.

Decidme después de ver el vídeo si no vale la pena pasar un poco de frío.

Mucha salud para tod@s y nos vemos la próxima floración!

Las cabras de la Solana

En el Pirineo las políticas faunísticas siempre van acompañadas de polémica. Mientras unos defienden la recuperación, el fomento y la protección de especies los otros opinan todo lo contrario y piden mayor control, más permisos de caza y erradicación de especies. Oso sí! Oso no! Lobo sí! Lobo no! Buitres sí! Buitres no!… En esta disyuntiva también se encuentra el curioso caso de las cabras asilvestradas (Capra aegragus).

El Pallars Sobirà es una comarca de alta montaña situada en el Pirineo Axial. Como tantas zonas rurales este territorio ha sufrido una progresiva despoblación desde la imposición del capitalismo a principios del s.XX. Muchas familias que habían subsistido tradicionalmente del policultivo y la actividad ganadera de autoconsumo no pudieron adaptarse al monocultivo de mercado y tuvieron que abandonar su tierra para emigrar hacia los núcleos urbanos del sur. A pesar del auge de las hidroeléctricas en los años 60 y la abertura al turismo en décadas posteriores, el número de habitantes en la comarca es hoy cuatro veces menor que 150 años atrás. En este desplazamiento migratorio a lo largo del s.XX muchas familias dejaron atrás sus casas pero también a sus cabras. Imagino que, con una lágrima en cada ojo, se limitaron a liberarlas y se fueron. Con el tiempo estos animales se han adaptado perfectamente a su nueva forma de vida y en muchas zonas han proliferado paralelamente a la deshumanización del terreno, llegando a formar una consolidada colonia.

Algunos han empezado a ver en las cabras silvestres una competencia por los pastos con el ganado propio y exigen más batidas de exterminio alegando que es una especie invasora, descontrolada sanitariamente y propagadora de enfermedades. Las autoridades justifican estas batidas por el peligro que suponen las cabras para los conductores que circulamos a 100 km/h por la geografía pirenaica, especialmente en invierno, cuando los animales bajan a nutrirse de la sal que lanzan las máquinas quitanieves a las carreteras. Por otro lado, los defensores de este animal afirman que, tras siglos y siglos de presencia en los rebaños locales, la cabra silvestre debe considerarse  parte del ecosistema de estas montañas. Destacan además que las cabras son el recurso más ecológico y sostenible en la prevención de incendios forestales ya que, por sus características alimenticias, estos animales mantienen el sotobosque limpio.

Arriba en las montañas, al margen del debate, un grupo de cabras silvestres intenta sobrevivir un invierno más. Al parecer, este grupo convive en armonía con sus vecinos de la Serra de la Solana. No se conocen altercados con los rebaños de xisqueta de la zona ni han provocado nunca un accidente a pesar de que se las puede encontrar frecuentemente lamiendo la carretera que lleva hacia el pueblo de Estac. Viendo lo bien adaptadas que estan al entorno y la elegancia con la que se desplazan entre rocas y arbustos uno no puede dejar de preguntarse qué especie es la invasora aquí. Yo mismo he hecho el ridículo varias veces intentando seguirlas por la montaña con mi canon. Al fin y al cabo las cabras no son responsables de la contaminación de los océanos, las armas nucleares y la basura espacial. ¿Con qué legitimidad podemos hablar nosotros de especies nocivas y devastadoras?

En fin, aquí les dejo mi modesto homenaje a este pequeño rebaño de cabras que pasta libremente por la Serra de la Solana.

El festín

La fotografía de fauna salvaje exige altas dosis de trabajo y de paciencia. Es imprescindible realizar un trabajo previo de documentación para conocer a fondo la especie que queremos fotografiar, su localización, su ciclo vital, sus costumbres, etc. Una vez sabemos dónde encontrarlo y cuál es el momento más apropiado para fotografiarlo debemos urdir una estrategia para acercarnos lo suficiente al animal sin llegar a perturbar su actividad. Este acercamiento no es fácil ya que los animales son huraños y huidizos. Su experiencia les dice que han de evitar al ser humano y en cuanto notan su presencia salen corriendo. Hacen bien puesto que muchos de estos encuentros suelen acabar a escopetazos o cosas peores. A mí tampoco me hace ninguna gracia pensar que puede haber cazadores en el mismo bosque donde estoy semicamuflado haciendo fotos. En fin, de esta guisa acostumbro a moverme por el monte al rececho de animalitos, en silencio, a contra viento y semicamuflado. A pesar de todas las precauciones los animales notan mi presencia mucho antes de que yo haya evidenciado la suya. Con suerte puedo ver a lo lejos un trasero que desaparece rápidamente entre los arbustos. Pocas veces vuelvo a casa con una foto buena, sin embargo, como dice Joaquín Sabina, cuando menos te lo esperas el diablo va y se pone de tu parte.

Es la frase que mejor define lo que me pasó cierto día de invierno. Acababa de aparcar el coche y no había caminado ni cinco minutos cuando encontré el cuerpo inerte de un corzo adulto. No es precisamente la escena que busco cuando salgo a hacer fotos, pero enseguida fui consciente de la situación. En ese estado y en aquel lugar, alejado de la civilización y rodeado de fauna hambrienta, el desafortunado animal no llevaba muchas horas y tampoco iba a pasar muchas más. El proceso de reciclaje en el mundo natural es rápido y eficiente. Aquello pronto se convertiría en un aquelarre de necrófagos. Así que volví ligero al coche y salí disparado hacia mi casa en busca del hide.

Cuando regresé media hora después con mi escondite el cadáver seguía intacto.

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Una vez instalado el hide mi única intervención fue desplazar el improvisado reclamo unos cincuenta metros hasta dejarlo bien a la vista de la aviación. Lo hice con intención de acelerar el proceso y para tener un fondo despejado.

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Solamente tuve que esperar tres horas.

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El buitre leonado no acude en solitario a un festín de estas características. Por esta zona del Pirineo pueden llegar a formarse aglomeraciones de cien o doscientos individuos.

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Diez minutos después de la llegada de los primeros buitres.

Una experiencia inolvidable. Otra vez gracias a la fotografía.

Por favor, mucho respeto al medio natural cuando salgamos a hacer fotos.

Código ético de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza).