Los cuatro buitres ibéricos

Gracias a un buen amigo semanas atrás tuve la ocasión de asistir a una tremenda carroñada a la que acudieron las cuatro especies de buitre ibéricas. Podría explicaros lo extraordinario de poder ver y fotografiar a las cuatro especies compartiendo el mismo banquete. Contaros lo que se siente cuando 200 buitres pasan volando a escasos metros de tu cabeza. Hablar sobre el escalofriante sonido que emiten estas enormes aves batallando por un trozo de carne. Podría también describir la elegancia de su plumaje y la majestuosidad de su vuelo. Pero prefiero que lo veáis vosotros mismos.

Antes de tomar asiento en el interior del hide la cosa ya prometía.

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No es fácil ganarse la confianza de estos animales. Por respeto al trabajo de muchos años y por petición expresa vamos a mantener el anonimato de este señor y del lugar.

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Empieza el festín…

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El primero en bajar y el más numeroso es el buitre leonado (Gyps fulvus).

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Entre la muchedumbre aparecen los primeros ejemplares de buitre negro (Aegypius monachus).

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Escoltado por dos buitres negros el magnífico quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) espera su turno.

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El último en aparecer, el alimoche común (Neophron percnopterus).

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Tras el festín de carne, sangre y vísceras el buitre leonado abandona el lugar y es entonces cuando empieza el formidable espectáculo del quebrantahuesos.

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El plumaje del quebrantahuesos juvenil es de tonos pardos. Una vez adulto (6-7 años) la coloración de la cabeza, pecho y vientre varía del blanco al naranja.

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El festín

La fotografía de fauna salvaje exige altas dosis de trabajo y de paciencia. Es imprescindible realizar un trabajo previo de documentación para conocer a fondo la especie que queremos fotografiar, su localización, su ciclo vital, sus costumbres, etc. Una vez sabemos dónde encontrarlo y cuál es el momento más apropiado para fotografiarlo debemos urdir una estrategia para acercarnos lo suficiente al animal sin llegar a perturbar su actividad. Este acercamiento no es fácil ya que los animales son huraños y huidizos. Su experiencia les dice que han de evitar al ser humano y en cuanto notan su presencia salen corriendo. Hacen bien puesto que muchos de estos encuentros suelen acabar a escopetazos o cosas peores. A mí tampoco me hace ninguna gracia pensar que puede haber cazadores en el mismo bosque donde estoy semicamuflado haciendo fotos. En fin, de esta guisa acostumbro a moverme por el monte al rececho de animalitos, en silencio, a contra viento y semicamuflado. A pesar de todas las precauciones los animales notan mi presencia mucho antes de que yo haya evidenciado la suya. Con suerte puedo ver a lo lejos un trasero que desaparece rápidamente entre los arbustos. Pocas veces vuelvo a casa con una foto buena, sin embargo, como dice Joaquín Sabina, cuando menos te lo esperas el diablo va y se pone de tu parte.

Es la frase que mejor define lo que me pasó cierto día de invierno. Acababa de aparcar el coche y no había caminado ni cinco minutos cuando encontré el cuerpo inerte de un corzo adulto. No es precisamente la escena que busco cuando salgo a hacer fotos, pero enseguida fui consciente de la situación. En ese estado y en aquel lugar, alejado de la civilización y rodeado de fauna hambrienta, el desafortunado animal no llevaba muchas horas y tampoco iba a pasar muchas más. El proceso de reciclaje en el mundo natural es rápido y eficiente. Aquello pronto se convertiría en un aquelarre de necrófagos. Así que volví ligero al coche y salí disparado hacia mi casa en busca del hide.

Cuando regresé media hora después con mi escondite el cadáver seguía intacto.

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Una vez instalado el hide mi única intervención fue desplazar el improvisado reclamo unos cincuenta metros hasta dejarlo bien a la vista de la aviación. Lo hice con intención de acelerar el proceso y para tener un fondo despejado.

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Solamente tuve que esperar tres horas.

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El buitre leonado no acude en solitario a un festín de estas características. Por esta zona del Pirineo pueden llegar a formarse aglomeraciones de cien o doscientos individuos.

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Diez minutos después de la llegada de los primeros buitres.

Una experiencia inolvidable. Otra vez gracias a la fotografía.

Por favor, mucho respeto al medio natural cuando salgamos a hacer fotos.

Código ético de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza).