Los cuatro buitres ibéricos

Gracias a un buen amigo semanas atrás tuve la ocasión de asistir a una tremenda carroñada a la que acudieron las cuatro especies de buitre ibéricas. Podría explicaros lo extraordinario de poder ver y fotografiar a las cuatro especies compartiendo el mismo banquete. Contaros lo que se siente cuando 200 buitres pasan volando a escasos metros de tu cabeza. Hablar sobre el escalofriante sonido que emiten estas enormes aves batallando por un trozo de carne. Podría también describir la elegancia de su plumaje y la majestuosidad de su vuelo. Pero prefiero que lo veáis vosotros mismos.

Antes de tomar asiento en el interior del hide la cosa ya prometía.

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No es fácil ganarse la confianza de estos animales. Por respeto al trabajo de muchos años y por petición expresa vamos a mantener el anonimato de este señor y del lugar.

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Empieza el festín…

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El primero en bajar y el más numeroso es el buitre leonado (Gyps fulvus).

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Entre la muchedumbre aparecen los primeros ejemplares de buitre negro (Aegypius monachus).

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Escoltado por dos buitres negros el magnífico quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) espera su turno.

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El último en aparecer, el alimoche común (Neophron percnopterus).

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Tras el festín de carne, sangre y vísceras el buitre leonado abandona el lugar y es entonces cuando empieza el formidable espectáculo del quebrantahuesos.

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El plumaje del quebrantahuesos juvenil es de tonos pardos. Una vez adulto (6-7 años) la coloración de la cabeza, pecho y vientre varía del blanco al naranja.

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Mi instante decisivo

Algunos heredan la pasión por la fotografía de sus padres y nacen ya con una Nikon bajo el brazo. Otros muchos, entre los que me incluyo, viven sus vidas ajenos a este arte hasta que un día concreto, sin buscarlo, se despierta el interés por la fotografía en su interior y nada vuelve a ser lo mismo. En mi caso recuerdo perfectamente ese momento particular. Fue en el verano de 2009. Tenía 34 años y todas las fotos que había realizado hasta ese momento no eran más que los recuerdos familiares y turísticos que todo el mundo tiene en el disco duro. Yo no tenía ni idea de lo que era un obturador y conceptos como profundidad de campo me sonaban a chino. De día trabajaba en la sanidad y de noche me escapaba a observar las maravillas del cosmos con mi telescopio. Y fue precisamente en una de estas salidas nocturnas donde empezó todo.

Al principio era fácil conseguir acompañantes para mis salidas de observación astronómica. Siempre lograba convencer a alguien con frases como: “Si vienes conmigo bajaré la Luna para ti”, o “Acompáñame esta noche y gozarás con los anillos de Saturno”. Pero claro, cada uno tiene sus propias inquietudes y a la gente sólo la engañas una vez. Así que llegó la mágica conjunción entre la Luna, Marte y Venus del verano de 2009 y me encontré solo en medio de la noche ante aquel maravilloso espectáculo natural. Era una noche especialmente despejada y la visión de los tres astros brillando conjuntamente en el firmamento era una delicia. Pero las cosas buenas se disfrutan la mitad si no tienes alguien al lado que te diga “Oh, sí, Johny, es maravilloso”. Y con esa sana intención de compartir posteriormente aquella escena tan bonita saqué de la mochila una cámara compacta que llevaba por casualidad. Realicé unas cuantas fotos a pulso a través del ocular del telescopio y otras tantas al desnudo encuadrando un poco de paisaje.

Qué decepción cuando llegué a casa y descargué las fotos. Las que no estaban trepidadas o desenfocadas estaban oscuras y con un grano de color horroroso. Ninguna imagen hacía justicia a aquella preciosa escena que había presenciado. ¿Cómo iba a convencer a alguien con esas fotos inertes e indescifrables? Muerto de indignación y rabia decidí descargar un par de manuales de fotografía por internet en ese mismo instante.

Ya nada volvería a ser igual.

¡Sal del armario!

Este post está dedicado a todos aquellos que se compraron una cámara réflex pensando que con ella harían mejores fotos por el simple hecho de ser un aparato enorme y carísimo. A estas horas ya os habréis dado cuenta que las buenas fotografías no dependen de la cámara sino del fotógrafo. Así es, amigos. Sea cual sea el modelo de cámara que tenéis ella no va a hacer las fotos por sí sola. Es cierto que un mejor equipo ayuda y se obtiene mayor calidad de imagen, pero al final es el fotógrafo quien decide el lugar, el sujeto, los parámetros, el encuadre y el instante en el que hace clic. Y de las decisiones correctas surgen las buenas fotografías.

La fotografía es todo un arte y la cámara tan sólo es una herramienta de trabajo. Un equipo más caro no asegura mejores fotos. Esta es la lección primera y más básica. No le digáis nunca a un fotógrafo: – Oh, qué fotos más bonitas. ¿Qué cámara usas? Ah claro, esa cámara saca unas fotos excelentes.– De la misma manera que no le diríais nunca a un poeta: – Oh, qué versos más hermosos. ¿Qué bolígrafo o procesador de textos usas?

Mi consejo es que no os desaniméis. Hoy es un buen día para dar el salto. Sacad la cámara del armario y retirad el anuncio de Ebay. Cualquiera que se lo proponga es capaz de realizar excelentes fotografías. Como todo en la vida, es cuestión de esfuerzo y dedicación. Pero en este caso, como dice el maestro Benito, cualquier pequeño esfuerzo que le dediques a la fotografía ella te lo devuelve multiplicado por mil. Los que ya han entrado en el universo fotográfico saben que lo más bello de este arte es precisamente el aprendizaje y el proceso que hay detrás de cada foto. Conseguir grandes fotografías es satisfactorio, pero lo realmente bonito es el viaje.

¿Por dónde empezar? Por dominar la herramienta de trabajo. Lo primero es tomar el mando. Es imprescindible que el fotógrafo tenga el control total de la imagen. Cuando dejamos decisiones a cargo de la cámara el resultado siempre es imprevisible y pocas veces coincidirá con lo que esperábamos. Por eso es tan importante disparar en Modo Manual. No nos hemos comprado un Ferrari para usar sólo la primera y la segunda velocidad.

El funcionamiento de una cámara es bien sencillo. Se trata de una caja oscura (cuerpo) con un orificio (diafragma del objetivo) que deja entrar luz y un material fotosensible (sensor) que recoge la luz que entra por dicho orificio. Si dejamos entrar la cantidad de luz correcta obtenemos una fotografía bien expuesta. Si dejamos entrar demasiada luz nos quedará una fotografía sobreexpuesta o “quemada”. Y si no entra la cantidad suficiente la fotografía que obtendremos estará oscura o subexpuesta.

LA EXPOSICIÓN ES LA CANTIDAD DE LUZ QUE RECIBE EL SENSOR.

Los tres parámetros que nos permiten controlar la cantidad de luz que llega hasta el sensor son la apertura del diafragma (F), la velocidad de obturación (o tiempo de exposición) (T) y el ISO. Tan sólo hemos de fijarnos en el exposímetro, que nos indica cuando tenemos la exposición correcta. Pero claro, a la exposición correcta podemos llegar por varios caminos. ¿Abro diafragma o aumento el tiempo de exposición?

Si llegas a hacerte esta pregunta tú ya has iniciado el viaje. Investiga un poco y pronto descubrirás que los parámetros F, T, ISO no sólo nos permiten controlar la cantidad de luz que recibe el sensor sino que combinándolos creativamente podemos obtener resultados muy diferentes. Haz la prueba en este simulador.
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Tourmalet y Galibier

Este verano he tenido la suerte de poder visitar por primera vez dos lugares de culto dentro del mundo del ciclismo. Se trata del Col du Tourmalet, en el Pirineo, y el Col du Galibier, en los Alpes, dos puertos de montaña que el Tour de Francia ha hecho mundialmente famosos.

Tourmalet

Este paso montañoso situado en pleno Pirineo francés, cuyo nombre viene a significar “camino del mal retorno”, se alza 2.115m sobre el nivel del mar y es el puerto que más veces se ha ascendido durante la historia de la ronda francesa. En este lugar esperaba encontrar ciclistas y marmotas pero nunca imaginé que en la cima del puerto encontraría… un rebaño de llamas!

Mcdonald’s en el centro de Teherán y llamas en el Pirineo, maldita globalización.

La llama (lama glama) es un curioso animal entre el camello y la oveja.

Llama y la Val du Barèges.

Mientras emulaba al mismísimo Robert Capa acercándome más y más con el angular recordé que estos animales son capaces de escupir con una potencia y una puntería envidiables.

Finalmente nadie salió herido, más bien al contrario. Las llamas no sólo aceptaron mi presencia sino que acabamos todos juntos tomando el sol y comiendo flores.

Entre la fauna del Tourmalet este es el ejemplar más característico.

El próximo 24 de julio el Tour volverá a pasar por este mítico puerto.

Galibier

Después del Tourmalet el Galibier es el puerto de montaña que más veces ha visitado el Tour de Francia. Este coloso de roca y nieve que separa los Alpes du Dauphiné y los Alpes Cottiennes acostumbra a ser, con sus 2.645m, el punto más alto de la carrera.

Aquí no hubo sorpresas. Ciclistas y marmotas por todas partes.

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Estos son los últimos 2,5km del Galibier por la vertiente de Valloire, con rampas del 11% y 12%.

Créte de Challoil desde el Galibier.

La seguridad en fotografía nocturna

El universo es enorme.

Se calcula que es varias veces la Manga del Mar Menor.

Pepín Tre

A veces cuando explico las aventuras de la última salida nocturna a mis amigos no-fotógrafos noto que sus ojos se mueven sin parar entre el asombro y la compasión. Por supuesto a mi madre estas cosas se las explico siempre por encima, sin entrar mucho en detalle. Supongo que otros fotógrafos nocturnos se encontrarán en esta misma situación. ¿Y no te da miedo estar solo, en medio del bosque, las negras noches sin luna, rodeado de animales salvajes, a cien kilómetros del próximo humano, helado de frío y probablemente sin cobertura en el móvil? Yo les digo que no, no tengo miedo. Provengo de una ciudad y de un barrio donde pasear por la calle de noche sí que era un auténtica actividad de riesgo. Allí podías cruzarte en cualquier esquina con una manada de fascistas asilvestrados o con el yonqui de turno buscando desesperadamente cien duros jeringuilla en mano. Aquí, en la montaña, son los demás los que tienen miedo de mí. Yo soy un hombre herbívoro y apacible. Sólo quiero disfrutar del cielo y fotografiar las estrellas pero el rebeco, el zorro y el jabalí no se detienen a preguntarme por mis intenciones. En cuanto notan la presencia humana huyen a toda velocidad. Ellos también tendrán sus experiencias.

En realidad cuando estoy solo, en medio del bosque, una negra noche sin luna, rodeado de animales salvajes, a cien kilómetros del próximo humano, helado de frío, sin cobertura en el móvil y esperando que la constelación de Sagitario se levante y ocupe ese hueco que dejan en el cielo las copas de los árboles siento algo muy cercano a la felicidad. Observar el inmenso y silencioso cielo estrellado es una sensación única, no sólo por su extraordinaria belleza sino por todas las preguntas que despierta en la curiosidad humana. Es como regresar a esa remota etapa de la primera infancia en la que sólo comprendías la superficie de las cosas y te pasabas el día preguntando ¿Y por qué? ¿Por qué? ¿Por qué??? A pesar de nuestras limitaciones y a pesar de la Iglesia hemos ido descubriendo algunos de los secretos del universo a lo largo de los siglos pero, como decía Sagan, tan sólo nos hemos asomado a la orilla cósmica.

nit estrellada al pallars

Puedes estar tranquila, mamá. Esta es una actividad preciosa y muy segura. Los fotógrafos nocturnos y de naturaleza tomamos precauciones y tenemos nuestras propias normas de seguridad. Nunca más de tres gin-tonic por sesión y por supuesto nada de alucinógenos cuando estamos solos en el bosque por la noche. Existen algunos riesgos pero sabemos cómo desplazarnos en la oscuridad y cómo tenemos que actuar en caso de cruzarnos fortuitamente con un yonqui, un vampiro o un astrónomo. Además siempre dejamos previamente un mensaje a alguien cercano con nuestra localización. De esta manera cuando sufrimos un accidente, nos devora la fauna del entorno y en el lugar del suceso sólo quedan restos de trípode y hormigas obesas podemos saber si esa persona nos quiere de verdad.

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Las sesiones con psicotrópicos son las más creativas. Sin embargo el proceso de enfocar

y calcular el tiempo de exposición en estas condiciones puede llevar horas.

Sobre riesgos, precauciones, drogas prohibidas y recomendadas en fotografía nocturna también hablaremos el 7 y 8 de junio bajo un inmenso cielo estrellado.

Las cabras de la Solana

En el Pirineo las políticas faunísticas siempre van acompañadas de polémica. Mientras unos defienden la recuperación, el fomento y la protección de especies los otros opinan todo lo contrario y piden mayor control, más permisos de caza y erradicación de especies. Oso sí! Oso no! Lobo sí! Lobo no! Buitres sí! Buitres no!… En esta disyuntiva también se encuentra el curioso caso de las cabras asilvestradas (Capra aegragus).

El Pallars Sobirà es una comarca de alta montaña situada en el Pirineo Axial. Como tantas zonas rurales este territorio ha sufrido una progresiva despoblación desde la imposición del capitalismo a principios del s.XX. Muchas familias que habían subsistido tradicionalmente del policultivo y la actividad ganadera de autoconsumo no pudieron adaptarse al monocultivo de mercado y tuvieron que abandonar su tierra para emigrar hacia los núcleos urbanos del sur. A pesar del auge de las hidroeléctricas en los años 60 y la abertura al turismo en décadas posteriores, el número de habitantes en la comarca es hoy cuatro veces menor que 150 años atrás. En este desplazamiento migratorio a lo largo del s.XX muchas familias dejaron atrás sus casas pero también a sus cabras. Imagino que, con una lágrima en cada ojo, se limitaron a liberarlas y se fueron. Con el tiempo estos animales se han adaptado perfectamente a su nueva forma de vida y en muchas zonas han proliferado paralelamente a la deshumanización del terreno, llegando a formar una consolidada colonia.

Algunos han empezado a ver en las cabras silvestres una competencia por los pastos con el ganado propio y exigen más batidas de exterminio alegando que es una especie invasora, descontrolada sanitariamente y propagadora de enfermedades. Las autoridades justifican estas batidas por el peligro que suponen las cabras para los conductores que circulamos a 100 km/h por la geografía pirenaica, especialmente en invierno, cuando los animales bajan a nutrirse de la sal que lanzan las máquinas quitanieves a las carreteras. Por otro lado, los defensores de este animal afirman que, tras siglos y siglos de presencia en los rebaños locales, la cabra silvestre debe considerarse  parte del ecosistema de estas montañas. Destacan además que las cabras son el recurso más ecológico y sostenible en la prevención de incendios forestales ya que, por sus características alimenticias, estos animales mantienen el sotobosque limpio.

Arriba en las montañas, al margen del debate, un grupo de cabras silvestres intenta sobrevivir un invierno más. Al parecer, este grupo convive en armonía con sus vecinos de la Serra de la Solana. No se conocen altercados con los rebaños de xisqueta de la zona ni han provocado nunca un accidente a pesar de que se las puede encontrar frecuentemente lamiendo la carretera que lleva hacia el pueblo de Estac. Viendo lo bien adaptadas que estan al entorno y la elegancia con la que se desplazan entre rocas y arbustos uno no puede dejar de preguntarse qué especie es la invasora aquí. Yo mismo he hecho el ridículo varias veces intentando seguirlas por la montaña con mi canon. Al fin y al cabo las cabras no son responsables de la contaminación de los océanos, las armas nucleares y la basura espacial. ¿Con qué legitimidad podemos hablar nosotros de especies nocivas y devastadoras?

En fin, aquí les dejo mi modesto homenaje a este pequeño rebaño de cabras que pasta libremente por la Serra de la Solana.